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No disparen al autor

Carlos Ramírez 02/12/11 - 11:14.
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Gran parte del ADN de la crítica cinematográfica actual hay que agradecérsela a la política de autores, más tarde denominada teoría del autor, que germinó en el seno de la revista Cahiers du cinéma. En los años 50, los teóricos y críticos de esta publicación francesa profundizaron en la búsqueda y el estudio de la figura del auteur o autor, paso previo a la consideración de algo tan efervescente como el cine como una disciplina artística. Por aquel entonces no estaba muy claro -y sigue sin estarlo, aunque la figura del director casi siempre figure como progenitor de la obra- quién estaba detrás de algo tan colectivo como la producción de una película, especialmente si nos ceñimos -como hicieron ellos- al sistema de Hollywood, donde los proyectos pasan por tres o cuatro guionistas y lo mismo da que ruede un director u otro que el resultado va a acabar siendo el que la productora diga (estamos generalizando mucho pero, ¿qué quieren?, estoy hablando de esto en una columna semanal). Los cahieristas acabaron convencidos de que lo que distinguía a un autor de un no autor o artesano eran los rasgos formales y/o estéticos que se repetían en sucesivos filmes en los que un director trabajaba. Decía André Bazin, importante miembro de la revista, que «la politique des auteurs consiste, abreviando, en elegir el elemento personal en la creación artística como estándar de referencia, y luego asumir que continúa y progresa de un filme al siguiente». Esto planteaba algunos problemas que en parte enmendaron futuros teóricos. Entre ellos, el hecho de que se venerase en exceso al director y por consiguiente a su obra, independientemente del valor temático o del contenido de la misma (¿les suena esto de algo a los fanboys?). Por otro lado, no convencía demasiado que una película, por el simple hecho de presentar unos rasgos formales determinados, fuese inmediatamente superior a una película «de encargo» (cuyo guión podía estar mucho mejor). Se caía en la tentación de confundir estilo con falta de inspiración.

(Giro Shyamalan) Skyward Sword, esperadísimo lanzamiento de Wii con el que Nintendo conmemora los 25 años de una saga de un valor intachable, plantea algunas reflexiones al hilo de todo este rollo de cahieristas y autores. Tanto éste como Skyrim, dos RPG distintos como el día y la noche, son dos buenos juegos incubados en algo que podríamos llamar el equivalente al Hollywood en los videojuegos. Cuando a uno le entusiasma un título, parece que sabe más o menos a quien aplaudirle: a Nintendo o a Shigeru Miyamoto (fíjense, que no deja de ser un mero productor) en el caso de Zelda, a algo tan abstracto como Bethesda en el caso de Skyrim. Pero cuando a uno le cabrea un juego por lo mal hecho que está no sabe muy bien a quien dirigir su ira -porque siempre queremos culpar a alguien, en cine lo tenemos clarísimo, ya sea guionista, director o actores-. En otras palabras, ¿quién es el autor de Zelda? ¿A quién le echamos la bronca, quién es el responsable? ¿Nos encontramos con la misma dificultad con la que se toparon los cahieristas cuando intentaron dar forma a la política de autores en los 50? Posiblemente no haya llegado el día todavía en que a alguien le interese iniciar el debate sobre el autor en los videojuegos, puede porque, en el fondo, nos conformamos con el sistema tal y como está. Autor es sinónimo de discurso y pocos videojuegos trabajan eso del discurso. Lo que nos importa son las mecánicas de juego, el diseño de los niveles, los gráficos, la diversión y si acaso... el relato. Ni siquiera en cine hay consenso sobre la teoría del autor, toda vez que sabemos que Hollywood delegó interesadamente en el director la autoría oficial de la película para quitarse de las responsabilidades de un mal argumento, ya que se supone que un guión deficiente nunca debería haber pasado un proceso de selección.

(Giro Shyamalan 2) Indie Game: The Movie (http://www.youtube.com/watch?v=GhaT78i1x2M) es un documental dirigido por James Swirsky y Lisanne Pajot que acaba de ser seleccionado por el jurado del próximo Sundance Festival de Salt Lake City, Utah. Esta película, contada desde el punto de vista de Edmund McMillen y Tommy Refenes (Super Meat Boy), Phil Fish (Fez) y Jonathan Blow (Braid), nos presenta el viaje creativo que esconden estas obras independientes. El tráiler deja frases como «durante toda mi carrera he tratado de encontrar nuevas formas de comunicarme con otras personas, porque quiero desesperadamente comunicarme con la gente, pero no quiero tener que hacer amigos y hablar con ellos porque probablemente no me gusten», «no es sólo un juego, estoy tan encariñado con él que ya es mi identidad, es Fez, yo soy el tío que está haciendo Fez» o «es la suma total de todos los medios de expresión de todos los tiempos hechos interactivos, ¿cómo puede eso no ser...? ¡Es increíble!» Intención comunicativa, identidad, expresión de sentimientos... son los conceptos que manejan sin reparo estos autores del videojuego, con rostro y cuerpo, de carne y hueso. No son una compañía de 60 trabajadores, ni están registrados bajo una gran marca comercial. Sencillamente son artistas que ansían poder contarle algo al mundo, aunque sea su deseo de hacerles reír de alegría y llorar de frustración por no poder superar sus niveles. ¿No es esto al fin y al cabo otra manera de contar historias?

Carlos Ramírez es redactor de videojuegos y coordinador de la revista digital mensual Giant Magazine (http://giant-magazine.com/)
Twitter: @carlosRmrz

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