Cuando la gente llega a una cierta edad la gente descubre una poderosa fuente de felicidad en la nostalgia. Una forma barata de recrear momentos felices mirando al pasado. Y si estás leyendo esto, parte de tus momentos están ligados a los videojuegos. Tendemos a recordar con mayor cariño nuestra primera época de contacto con los videojuegos, cuando todavía estamos descubriendo los elementos de esta afición y no habíamos alcanzado el cinismo de años de juego acumulados.
Como con toda fuente de felicidad, la nostalgia se puede comercializar. Empaquetar y revender esos totems que nos enlaza a tiempos mejores. Pero según pasan los años es más dificil para las compañías justificar la venta de recopilatorios en forma de disco ante la pujante presencia de los mercados digitales y sobre todo de los móviles de nueva generación. Así, en ellos los más veteranos pueden sumergirse en Atari's Greatest Hits, Commodore 64 o ZX Spectrum: Elite Collection. Si nacimos más tarde puede que nos interese más los juegos recopilados en Capcom Arcade como 1942, Commando o Final Fight. SEGA también se ha apresurado a sacar con más o menos fortuna versiones de clásicos en la línea de Altered Beast, Streets of Rage o Golden Axe. E incluso Square Enix sigue resucitando viejas sagas, prueba de ello son Secret of Mana o Final Fantasy I y II. Y volviendo al PC estos días ando disfrutando de la reedición de Another World.
Nos queda claro que las empresas saben capitalizar sus viejas glorias para seguir sacando dinero de nuestros bolsillos. Pero no debemos dejar de lado el mejor producto de la mirada hacia el pasado: los creadores que se inspiran en él para traernos juegos que beben de esas fuentes. Ya sea aquellos que simplemente adoptan la estética (The Last Rocket, Velocispider, The Incident) o los que la llevan un paso más allá. Casos como todos los juegos que nacen con los speed run inaugurados hace más de 25 años con Super Mario Bros como pueden ser 1-Bit Ninja o Mos Speed Run o los derivados de segunda generación que beben de Super Meat Boy (Leage of Evil). Mención especial son los que intentan trascender su propia forma como Pix´n Love Rush o Sword&Sworcery.
Por fortuna o por desgracia, todo depende de a quién preguntes, el pixel ha encontrado refugio en el terreno móvil. Los equipos pequeños se mueven mejor en entornos pixelados que matan dos pájaros de un tiro: un presupuesto más ajustado y nostalgia de tiempos más sencillos. Gente como Rocketcat Games, cuyo Mage Gauntlet estoy instalando en estos momentos, prolonga mi sueño de una generación de 16 bit que nunca debió extinguirse. Una generación que podemos seguir prolongado gracias a nuestros teléfonos móviles, en una irónica combinación de nosltagia y última tecnología.
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